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¿Por qué limitar tu consumo de sal?

La sal es, quizá, uno de los condimentos más discutidos que existen. También conocida como cloruro de sodio, mejora y potencia el sabor de los alimentos, todos la tenemos en la cocina e incluso en la mesa. Desde hace años se habla de la relación entre el consumo de sal y la presión arterial alta. Su consumo moderado no es malo, de hecho los expertos recomiendan entre 2,5 y 6 gramos de sal diarios. El problema viene cuando estas cantidades incluso se duplican en países como España.

No solo contamos con la sal que nosotros mismos añadimos a la comida. Alimentos como el queso, los embutidos, el pan, los platos pre-cocinados o las conservas son altamente ricos en sodio. Toda esta sal debería ser eliminada por la orina, lo que supone un trabajo extra para el riñón, con lo que ello puede conllevar.

El exceso de sal en la dieta puede, además, condicionar la salud arterial. La presión arterial aumenta, la circulación sanguínea dificulta y se exige al corazón que trabaje mucho más. Los huesos también son unos grandes perjudicados por esta ingesta excesiva de sal puesto que daña la densidad mineral ósea y estos, por tanto, se hacen más frágiles.

A nivel estético la sal produce una retención de líquidos. Así aparece la temida celulitis, las molestas varices e incluso las ojeras con sus correspondientes bolsas. De esta retención de líquidos también viene el hecho de sentirnos hinchados y pesados.  Algo que no ocurre cuando nos hidratamos correctamente y eliminamos todos los líquidos que nuestro cuerpo no necesita.

reducir consumo de sal

El sodio también es necesario en nuestro organismo

Por norma general ni los excesos ni los defectos son buenos para nuestro organismo. Por eso mismo no podemos eliminar completamente la sal, y por tanto el sodio, de nuestra dieta. Un déficit de sodio vendría  acompañado por un bajo volumen sanguíneo y por una baja presión arterial. También notaríamos calambres musculares, agotamiento, falta de memoria y concentración e incluso deshidratación. La sal es, por tanto, necesaria en su justa medida.

sustituir la sal

Cómo limitar el consumo de sal

Evitar utilizar más sal de la necesaria en la cocina es fácil. Esta es fácilmente sustituible por otros condimentos o especias que aporten sabor y esa chispa que todos buscamos en la comida. Otro modo sería controlar la ingesta de embutidos, platos precocinados o salsas. Y algo básico, antes de añadir sal debemos comprobar si realmente es necesario.

 

Básicos de suplementos alimenticios: Vitaminas

Las vitaminas son compuestos orgánicos imprescindibles para la vida. Existen numerosos tipos de vitaminas que cumplen con una amplia variedad de funciones fisiológicas. En su mayoría, las vitaminas no pueden ser sintetizadas por nuestro propio cuerpo, por lo que necesitamos absorberlas a través de la alimentación.

Para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y multitud de procesos fisiológicos en los que funcionan como catalizadores, es necesario ingerir una cantidad mínima de cada tipo de vitamina esencial.

Los distintos tipos de vitaminas se clasifican en dos grandes grupos: liposolubles e hidrosolubles. Las vitaminas liposolubles se disuelven en grasas y aceites, por lo que se consumen junto con alimentos que contienen grasas. Estas vitaminas son almacenadas por nuestro cuerpo en el hígado y en tejidos grasos, lo que nos permite tener ciertas reservas de las mismas. Gracias a ese almacenamiento no es necesario consumirlas a diario. Pertenecen a este tipo de vitaminas las denominadas: A, D, E y K.

xPor su parte, las vitaminas hidrosolubles, tal y como su nombre indica, se disuelven en agua. Debido a ello, y a diferencia de las liposolubles, estas vitaminas no pueden ser almacenadas por nuestro cuerpo (excepto la B12, que si es almacenada en el hígado). Por ello, es necesario ingerirlas casi a diario. Dentro de las hidrosolubles se incluyen las vitaminas B1, 2, 3, 5, 6, 7/8, 9, 12 y la vitamina C.

Entre las funciones bioquímicas de las vitaminas, podemos mencionar la regulación del crecimiento celular y tisular y su diferenciación, sus funciones antioxidantes y la regulación del metabolismo; todos ellos procesos esenciales para la vida.

Los diferentes tipos de vitaminas pueden obtenerse a partir de distintas fuentes alimenticias. Así, las carnes y los lácteos son ricos en vitaminas B2, 3, 6 y 7; las legumbres nos aportan vitamina B9 y vitamina K; y los cítricos constituyen una fuente excelente de vitamina C.

Tanto la deficiencia como el exceso de vitaminas pueden dar lugar a diversas patologías. Las enfermedades más conocidas causadas por déficit de vitaminas son el escorbuto, la pelagra y el raquitismo, causados por la deficiencia de vitamina C, B3 y vitamina D, respectivamente. Por su parte, un exceso de cualquier vitamina puede dar lugar a nauseas, diarrea y vómitos.

Por tanto, y como ya es sabido, ¡la clave está en una dieta equilibrada!